lunes, 7 de agosto de 2017

Los últimos Adán y Eva

 


En la figura de arriba se muestra el número medio de hijos por mujer en distintos continentes del mundo en el año 2016.

Si este índice es menor que 2, significa que cada nueva generación es menos numerosa que la que le precede. Si el índice es de por ejemplo 1,5, por cada madre habrá 1,5 niños, así que si cogemos 10 hombres y 10 mujeres habrá 15 niños en la siguiente generación (5 menos que los 20 progenitores).

Esto se cumple en Europa y en América del Norte, en las zonas morada y verde del mapa, ambas con índices menores que 2. Si no fuera por el fenómeno de la inmigración, la población en estos lugares menguaría año tras año.

En el resto de América, Asia y Oceanía, el índice es superior a 2 pero inferior a 2,5, lo que en la práctica significa que el aumento de población se está ralentizando.

Por último está África, el vientre del mundo, donde nacen 4,7 hijos de media por mujer. Aquí la población aumenta a un elevado ritmo (y contribuye al aumento en otras zonas del planeta).

El número de hijos por mujer varía año tras año, pero la tendencia en la mayor parte de los países es a disminuir. Puede que en países concretos aumente, pero a nivel continental, en todos ellos (incluido África) el índice ha ido cayendo año tras año en las últimas décadas. En general, conforme un país se desarrolla económica e industrialmente, este índice disminuye.

Imaginemos que sólo existiera el continente americano en el mundo y que Trump construyera su ansiado muro. Al norte del muro el índice se sitúa en 1,8 hijos por mujer. Esto significa que la población está menguando. Si el muro fuera por completo hermético y sólo existiera el continente americano, en unas décadas la población al norte del muro se habría reducido a la mitad. No tardarían en tirar el muro los futuros estadounidenses para que pudiera entrar más gente a sustentar un país casi abandonado. Pero en el resto de América el índice es de tan sólo 2,1 hijos por mujer, siendo la tendencia a disminuir. Así que puede que el año en que decidieran tirar el muro nadie quisiera cruzar, pues todos vivirían en países con poblaciones menguantes y amplios recursos a repartir. En el lugar en el que ahora se levanta el muro tendrían que montar un comité de bienvenida que tratara por todos los medios atraer a los deseados inmigrantes.

En Europa pasaría algo similar: si en África y Asia el índice sigue bajando, llegará el día en el que se fletarán modernos barcos para que los inmigrantes puedan cruzar el mediterráneo de forma cómoda y segura, pues serán recibidos con los brazos abiertos y ya no tendrán que jugarse más la vida para venir.

Europa a nivel continental tiene el índice más bajo del mundo, tan sólo 1,6 hijos por mujer. Si sólo existiera Europa en el mundo, en unas cuantas décadas la población se habría diezmado, y en unos siglos llegaría el día en el que nacerían el último hijo único y la última hija única, los últimos Adán y Eva del mundo, aquellos que cerrarían el ciclo de los seres humanos. La aventura de los Sapiens sobre la faz de la Tierra habría terminado.


jueves, 6 de abril de 2017

El soldado


El soldado miraba absorto el paisaje helado. No podía dejar de pensar en su mala suerte por ser el único que hacía guardia aquella gélida noche. Sabía que dentro de las tiendas de campaña todos los soldados dormían. Él era el único despierto. De algún modo, él era el único que estaba allí.


Cuando nos dormimos desconectamos nuestro cerebro durante unas horas. Nos convertimos en un trozo de carne inconsciente que respira pesadamente y apenas se mueve. Así que ahí estaba él completamente sólo, rodeado de seres inconscientes, desconectados, con el cerebro apagado (o al menos en hibernación).


Dormir es apagar gran parte de las funciones del cerebro. Después, pasadas unas horas, al despertar volvemos "donde lo habíamos dejado", el cerebro recupera los recuerdos y la información necesaria para posicionarnos de nuevo en el mundo. Nos permite recuperar los datos de quiénes somos, del día en que vivíamos y de lo que nos ha ocurrido en el pasado. ¿Qué pasaría si algún día al despertar alguno de estos procesos fallara? Despertaríamos en un mundo desconocido, desorientados, sin saber quienes somos, descarrilados de un tren en el que ya no sabemos que un día montamos. Todos los soldados que roncaban a su espalda se durmieron con la certeza de quienes eran y quiénes seguirían siendo al despertar.


El soldado miró al horizonte y le pareció que el negro comenzaba a tornarse en azulado, que el alba empezaba a despuntar, aunque no estaba seguro de si era así o si sólo estaba viendo lo que deseaba observar. Alguno de los soldados que dormía estaría soñando. ¿Qué es soñar? Es vivir otra vida, es ver otro mundo imaginario en el que ya no somos aquel que se durmió. No estamos posicionados en un día concreto, simplemente estamos ahí viviendo un mundo irreal.


Aquellos chicos que soñaban también estaban solos como él. Visitaban extraños mundos que creían compartir con otros seres pero en realidad no había nadie con ellos. ¿Le pasaría a él lo mismo? ¿No será este un extraño mundo que creemos compartir cuando en realidad estamos solos y todo es una ilusión? ¿No estaremos durmiendo en un gran cuartel soñando que aquí vivimos mientras otro hace guardia?

Quizás sólo los que duermen visitan mundos reales, cruzan puertas que no vemos los despiertos.

Un viento frío sopló de frente hacia el soldado. ¡Qué larga podía ser una noche de guardia y qué corta para los que roncaban! Cuando los chicos despertaran, volverían a sus rutinas. Obedecerían las órdenes de los superiores, comerían, se asearían, harían marchas, pelarían patatas... ¿No era todo eso de algún modo seguir dormido? Él ahora mismo se sentía realmente despierto pero sabía que la mayor parte del día en realidad la pasamos en un estado aletargado: cumpliendo obligaciones, haciendo planes, organizando cosas. Incluso cuando tenemos tiempo de ocio, a menudo nos tumbamos junto al televisor cambiando de un canal a otro, buscando algo que nos entretenga. O leemos el periódico con el mismo fin. Es como si cuando realmente podemos disponer de nuestro tiempo en el fondo no queremos hacerlo y buscamos algo que nos mantenga aletargados. ¿Cuánto tiempo estamos realmente despiertos? Decimos que dormimos ocho horas y estamos despiertos el resto de la jornada pero, ¿realmente es así? ¿No será que completamente despiertos estamos sólo unos minutos?

Nos sentimos como algo que va "montado aquí arriba", nuestro yo va observando y supuestamente dirigiendo las acciones y el entretenimiento diario pero, ¿realmente lo controla o es tan sólo un pasajero que va aquí arriba mirando el paisaje llevado siempre por los deseos del cuerpo y las obligaciones diarias?

El soldado ahora veía todo eso con claridad. Pensaba que paseando por la calle entre la gente, serían pocos los que como él estarían realmente despiertos. ¿Se reconocerían los despiertos entre sí?

¿Habría alguna forma de despertar aún más? Los dormidos no eligen cuando despiertan y los aletargados tampoco son conscientes de que no están realmente despiertos, ¿podría despertar él de su letargo a una especie de "nivel superior" donde los despiertos vieran como zombis a la gente como él? ¿Habría alguno de esos despiertos por la calle pero somos incapaces de reconocerlos desde nuestra somnolencia y ellos tampoco pueden decirnos que estamos dormidos porque no les entendemos? ¿Será alguno de esos a los que llamamos raros, inadaptados o directamente locos?

Ahora sí que parecía que amanecía. El soldado comenzaba a verse vencido por el sueño. Sólo deseaba irse a dormir, disfrutar de esa desconexión en la que quizá visitaría otros mundos, aunque a cambio de recordar como mucho algunos fragmentos inconexos de esas visitas. ¿Era un mundo superior o inferior? Seguramente era simplemente distinto.

martes, 24 de enero de 2017

Los niños



Escribió Khalil Gibran lo siguiente acerca de los niños:

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.
Y él dijo:
Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.
El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana.
Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable.



Los padres inteligentes creen que sus hijos deben ser inteligentes. Lo mismo opinan los futbolistas. ¿Cuánto influimos en nuestros hijos tanto de forma hereditaria como por el ambiente en el que los educamos? Para resolver estas cuestiones los científicos realizan estudios con gemelos separados al nacer y criados en ambientes distintos. De este modo se puede ver la influencia del entorno para personas con el mismo ADN. También estudian hermanos no biológicos criados en el mismo hogar, para estimar la influencia del entorno para gente con ADN diferente.

La conclusión es que tanto el ADN como el entorno influyen, pero no tanto como creemos. Se parecen a nosotros porque tienen nuestros genes y el entorno condiciona sus vidas, pero ninguno de los dos factores es tan determinante como imaginamos.

Aquello que más influye en el futuro de los niños, lo que determina en mayor medida su vida futura, es si el niño se siente querido en esos primeros años de existencia, especialmente en sus seis primeros años de vida. Sentir que son importantes para alguien, que se les quiere, que se les educa, que cuando lloran entre noche porque están asustados alguien acude a su llamada. Todo eso crea en ellos la seguridad de que merecen ser queridos, de que se puede confiar en otras personas. Y al contrario, aquellos que tienen la desgracia de sufrir un entorno hostil en sus primeros años de existencia multiplican sus posibilidades de generar ellos esa hostilidad en su etapa adulta.
No es algo determinante, es sólo una cuestión de probabilidad, por lo que siempre habrá quien perteneciendo a un grupo inicial se pase al otro en la edad adulta, quien haya sido querido y se convierta en maltratador, y quien siendo olvidado se haga a sí mismo una persona virtuosa. Pero como padres el mejor regalo que les podemos dar a los niños es quererlos y dedicarles nuestro tiempo y atención, especialmente en esos primeros años.
Es el tiempo en el que la flecha aún está cargada en el arco, los años en los que se tira de la cuerda y se apunta, antes de que la saeta salga disparada buscando su propio camino.
¿Cómo es posible que esa etapa sea tan determinante si apenas genera recuerdos? En los dos o tres primeros años de vida, el cerebro aún no ha desarrollado la capacidad de generar memoria a largo plazo. Es por eso que no conservamos ningún recuerdo de esa época. A partir de ese punto, comenzamos a almacenar vivencias de forma duradera, aunque la mayoría conservamos sólo un puñado de recuerdos anteriores a los mencionados seis años. ¿Cómo puede ser entonces que nos influya tanto esa época si no recordamos lo que pasó?
La respuesta a esa pregunta es que no es una enseñanza que se nos transmita en forma de recuerdos, sino que forma la estructura de nuestro cerebro, crea la arquitectura con la que luego se procesarán todas las vivencias de las etapas posteriores. El cerebro humano no para nunca de generar nuevas conexiones neuronales, sobre todo mientras más joven es. Así que la influencia que se genera en un niño no es porque luego él vaya a recordar lo ocurrido, sino porque estamos contribuyendo en la construcción de su cerebro, en crear la estructura con la que años después interpretará el mundo.
Pero esto no se limita a los niños, el cerebro es algo plástico, algo que cambia durante toda la vida. Todo lo que hacemos influye en la construcción de todos los cerebros con los que nos relacionamos, y también en la construcción de nuestro propio cerebro. Cuando nos esforzamos en algo, merece la pena no sólo por lo que recordemos, sino porque estamos construyéndonos a nosotros mismos, nos estamos cambiando. 
El cerebro nunca se queda estancado por completo, aunque cada vez haya menos obreros y la construcción vaya bajando el ritmo. Es una obra que dura tanto como nuestra vida. Nunca se es demasiado viejo para cambiar y siempre hay que mantenerse alerta para ver cómo nos queremos construir, dónde deseamos una reforma, dónde hace falta un retoque para tapar una grieta.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El problema de las pensiones en España

 

Se habla mucho del gasto en pensiones. ¿Cuánto gastamos en ellas al año?

135 mil millones de euros en el año 2016.
 
¿Es eso mucho?

Pues si miramos los PGE (Presupuestos Generales del Estado) de 2016, que es donde el Gobierno detalla cuánto se gasta en cada cosa, supone un 38,5% del total, siendo la partida de gasto principal. Es decir, cuando se planifica en qué se va a gastar el presupuesto que tiene el estado español para todo un año, de cada 100 euros, 38 hay que destinarlos al pago de pensiones.

¿Nos lo podemos permitir? ¿Tiene el Estado ingresos suficientes como para poder gastarse ese dinero en pensiones cada año?

Lo cierto es que no. La idea es que la Seguridad Social sea capaz de ingresar tanto dinero como luego se gasta en conceptos como las pensiones. Para ingresar dinero, por ejemplo, se quita una parte de la nómina de todos los españoles. Las empresas también aportan dinero por cada empleado que tienen. Pero el total del dinero recaudado es menor que el gastado en pensiones, lo que ocurre es que se está compensando esa diferencia sacando dinero de la hucha de las pensiones.

¿Qué es todo eso de la hucha de las pensiones y por qué dicen que se está acabando?

La hucha de las pensiones es un fondo que se creó para guardar dinero en los años de superávit de la seguridad social (los años de bonanza en los que los ingresos superan a los gastos) y poder sacarlo en los años de déficit. Es decir, los años en los que tienes muchos ingresos metes dinero en la hucha para poder cogerlo en años de crisis. Llegamos a tener 66 mil millones en su mejor momento, en el año 2011.

 
 
¿Es eso mucho o poco?

Pues comparémoslo con lo que decíamos al principio que necesitamos cada año para pensiones, que es 135 mil millones. Tuvimos 66 y necesitamos 135 cada año, es decir, en el máximo de la hucha de las pensiones teníamos para pagar apenas seis meses.

¿Y cuánto queda ahora?

Poco. Tras varios años de sacar dinero sin aportar casi nada, actualmente quedan 24 mil millones. Es decir, nos queda menos de la mitad de lo que había hace unos años. Hay 24 sobre 135 que es el gasto anual de pensiones (ambas cifras en miles de millones), apenas tendríamos para un par de meses. Pero la cuestión es que al actual ritmo de gasto, en dos años se habrá vaciado por completo (hemos pasado de 66 a 24 en sólo 5 años).


¿Por qué se coge tanto de la hucha?

Como comentábamos antes, se ingresa menos de lo que se necesita, así que la diferencia que falta se coge de la hucha. Llevamos así varios años por lo que de seguir así, en un par de años no quedará nada en la hucha. Y cuando llegue ese momento habrá que afrontar el problema, ya no se podrá maquillar el déficit con el dinero de la hucha porque no habrá hucha, así que habrá que tomar otras medidas.


¿Y qué podemos hacer?

Se puede pensar en aumentar los ingresos o en reducir el gasto. Para aumentar ingresos puedes subir cotizaciones (quitarle a la gente más dinero de la nómina) o crear un impuesto específico para las pensiones (el IP, Impuesto de Pensiones, igual que existe el IVA), que grave por ejemplo un 2% determinados productos (de lujo, tabaco, alcohol de alta graduación, diésel…). Hay varias opciones pero todas pasan por que los ciudadanos contribuyan más, bien directamente subiendo lo que se quita de las nóminas o indirectamente mediante un impuesto nuevo específico (o subiendo alguno de los existentes).
La otra opción es reducir el gasto. En este sentido iba la última reforma, limitando la subida de las pensiones, aumentando la edad de jubilación, etc… Siguiendo esa senda podría limitarse por ejemplo la pensión máxima a una cantidad fija inferior a la actual, congelar indefinidamente aquellas superiores a por ejemplo 2000 euros, o realizar una bajada masiva de todas las pensiones en el caso más drástico.
También se puede subir aún más la edad de jubilación aunque no parece una buena opción, pues las empresas ya han demostrado que no quieren trabajadores mayores de 60 años. Lo único que provocaría es mayor paro y por tanto mayor gasto en ese grupo de edad entre los 60-65 años, menor cotización de esas personas y mayor precariedad. No solucionaría el problema real.
Por último, se puede incentivar el ahorro privado. Por cada euro que un trabajador invierta en su plan privado de pensiones, podría obligarse a su empresa a por ejemplo invertir otro (hasta un máximo digamos de 3000 euros anuales). También podrían los planes privados de pensiones tener más ventajas fiscales.


Volviendo al gasto anual en pensiones de 135 mil millones de euros en 2016, ¿es tan alto porque hemos tenido un mal año o siempre va a ser así de alto?

Cada año va a ser más alto, como se puede observar en la siguiente gráfica.


 



Si seguimos a ese ritmo, serán insostenibles las pensiones en pocos años, ¿no?

Hay que mirar básicamente dos datos, lo que suben las pensiones (que es la gráfica de arriba) y lo que sube la riqueza del país, que se mide con el PIB (Producto Interior Bruto), ya que los presupuestos del Estado también pueden crecer si lo hace ese PIB. Es decir, si tenemos más dinero a nivel de Estado, aunque las pensiones suban podremos afrontarlo. Es como un ciudadano al que le sube la hipoteca pero también el sueldo, podrá seguirla pagando. Por lo tanto, hay que estar atentos a dos datos: el aumento del gasto en pensiones y el aumento de la riqueza del país (en términos de subida del PIB). Ahora mismo ambos parámetros se mantienen más o menos parejos, alrededor del 3%. Por lo tanto el problema en este momento es importante pero no se está agravando.


¿Y cuánto tiempo estará así?

Eso es muy difícil de prever ya que el crecimiento económico se revisa constantemente y el gasto en pensiones depende de muchos factores por lo que tampoco es sencillo de calcular sin aceptar un importante margen de error. Pero lo más probable es que no dure mucho tiempo. Todo va a empeorar. Ese 3% de crecimiento económico es casi un límite superior, es decir, crecemos un 3% cuando la economía va muy bien (pero es muy difícil crecer por encima de esa cifra para un país desarrollado como España) y cuando nos va peor ese crecimiento se reduce mucho e incluso decrece. Sin embargo, el 3% de aumento en gasto en pensiones es un dato que está en mínimos, siempre ha sido igual o mayor. Viendo la pirámide de población la tendencia es a que sea cada vez mayor. Por todo esto, ese déficit de la seguridad social será cada vez más grande. Son necesarias medidas para contener ese aumento del 3% del gasto en jubilación y no dejar que suba aunque cada año se incorporen más pensionistas.



 
¿Por qué cada vez hay más jubilados?

Si se observa una pirámide de población de España, se verá que hay una gran proporción de gente con edad intermedia comparado con los niños y los ancianos. Tradicionalmente estas pirámides de población tenían forma de pirámide (de ahí su nombre). Mucha gente en la base y cada vez menos gente conforme se cumplen años. Es lo natural, si todos los años nacen un número parecido de niños, pues conforme estos envejecen cada vez hay menos, de manera que cada escalón es más grande que el que tiene por encima. Pero en los países desarrollados se produjo un fenómeno diferente y es que llegó un momento en que el número de hijos por mujer disminuyó (en España era de 3 hijos por mujer en los años setenta y actualmente es de 1,3). Esto hace que la pirámide empiece a hacerse más estrecha por la base (nacen menos niños). El problema es que cuando la gráfica tiene forma de pirámide, hay muchísima más población menor de 65 años que mayor de esa edad, por lo que es más sencillo cubrir las pensiones de éstos. Pero con una gráfica como la española, en unos años habrá más jubilados que personas en edad de trabajar, lo que dificultará la sostenibilidad de las pensiones.
Observando la gráfica de abajo, puede verse que hay mucha gente mayor de 35 años y muy poca menor de 30 (comparativamente). Los que están en la franja 60-64 años, que son aquellos que se van a jubilar, son más que los de la franja 25-29 (los jóvenes que están en sus comienzos de carrera profesional). Esto es lo que hace que cada año el sistema sea más difícil de sostener.
 




¿En qué año se hará insostenible el sistema?

Ahora mismo tenemos ya un problema, que es el comentado del déficit de la seguridad social que se está enmascarando con la hucha de las pensiones. Esta situación se puede prolongar así un par de años. A partir de ese momento, primero habrá que suplir el dinero que viene de la hucha, pero esto se puede hacer aunque haya que tomar alguna medida impopular. Después, todo depende de lo que crezca el gasto en pensiones y lo que aumente nuestra riqueza como país, el PIB, como se comentaba antes. Pero lo más probable es que la mayoría de los años el gasto en pensiones supere el aumento del PIB, así que las medidas antes tomadas serán insuficiente y habrá que hacer más.



¿Por qué no se empieza a hacer algo ya antes de que se nos eche encima el problema en dos años?

Son medidas muy impopulares: aumento de retenciones sobre la nómina, subida de impuestos… Y si recortas las pensiones actuales, hay que tener en cuenta que los jubilados suponen millones de votos (y cada vez más) luego ningún partido quiere empeorarles las condiciones. Por eso la reforma buscaba empeorar la jubilación pero no de los jubilados actuales, sino de los futuros, no permitiéndoles jubilarse hasta los 67 años. De este modo los jubilados actuales mantienen su voto pues no se ven afectados y el resto lo ven como algo lejano y tampoco les influye demasiado (no tanto como si les bajaran el sueldo porque les retuvieran más impuestos). Nadie se atreve a destapar el problema.
El escenario puede ser peor aún. Si viene una nueva crisis (no olvidemos que son cíclicas, así que dentro de dos, cinco o veinte años volverá un periodo de contracción del PIB), la diferencia entre el crecimiento de nuestra riqueza y el crecimiento en pensiones será de tal calibre que el sistema se desmoronará. No hay que olvidar tampoco que todas esas medidas de las que hablamos suponen menor crecimiento del PIB, ya que el ciudadano de uno u otro modo aporta más dinero por lo que el gasto interno del país disminuye. Así que el Estado gasta menos en pensiones pero a la vez crece menos (como un ciudadano al que le baja la hipoteca pero también el sueldo). Por no hablar de que en nuestro país las pensiones son el sustento para muchas familias (no sólo para el propio pensionista), por lo que una disminución de las mismas afectaría a todo el tejido social.



¿Y qué podemos hacer?

Lo primero, reconocer desde todos los estamentos de la sociedad que tenemos un problema que requerirá por parte de todos modificar el actual sistema de pensiones. En primer lugar los políticos, hablando abiertamente de la situación y encarándola con sinceridad hacia los ciudadanos. Y en segundo lugar los propios ciudadanos, exigiendo a los políticos transparencia y participando activamente en la sugerencia y elección de medidas de solución. Si todos continuamos mirando hacia otro lado podremos disimular un par de años más, posteriormente es probable que se hable de ello en los periódicos a diario, habrá penalizaciones políticas y se producirán manifestaciones, pero nadie tendrá ya en su mano poder contenerlo. No es una cuestión de ideologías ni de qué partido político gobierne. Lo ideal sería poner sobre la mesa un abanico de posibles medidas a implementar y abrir un proceso en el que los ciudadanos fueran plenamente conscientes del problema y eligieran las medidas que ellos estiman más justas para encarar la nueva situación social.

sábado, 21 de mayo de 2016

El barco de la humanidad

 
Sólo queda una persona viva en el mundo que haya nacido antes del año 1900. Se trata de Emma Moreno, una italiana que vino al mundo en 1899. Cuando ella abrió los ojos aquel 29 de noviembre, más de mil millones de personas poblaban la Tierra. De todos aquellos compañeros de viaje que un día tuvo, hoy sólo sigue aquí ella.

El barco de Teseo es una leyenda griega recogida por Plutarco, según la cual los atenienses decidieron mantener el barco, reponiendo cada tablón defectuoso por una nueva madera más resistente. Este ejemplo ha sido utilizado a menudo por los filósofos para tratar el problema de la identidad: si llega un momento en que se han cambiado todos los tablones del barco, ¿sigue siendo el barco de Teseo?

Las células que componen el cuerpo humano mueren constantemente y son reemplazadas por otras que continúan su función. Se estima que el cuerpo tarda entre siete y diez años en regenerar todas sus células. Somos como el barco de Teseo al que ya le han sido modificados todos sus tablones (a algunos ya nos los han cambiado varias veces).

Emma Moreno es la última pieza de aquel barco que formaban los seres humanos del año 1899. Se han regenerado todas las células de aquel organismo al que llamamos humanidad. Algún día nuestro tablón también será sustituido por los atenienses por una madera más robusta.
Puede que las células que nazcan en el futuro lo hagan en un organismo enfermo. De nosotros depende que el próximo barco de Teseo esté o no ennegrecido. Cada cosa que hagamos durante las pocas décadas que formamos el organismo presente está de alguna manera relacionada con todos los organismos pasados y futuros en los que se seguirá identificando la humanidad.

jueves, 20 de marzo de 2014

Un mundo, dos mundos


-        Algún día dejaremos de vernos, seremos viejos o tendremos algún accidente, ¿no te preguntas nunca que será de nosotros?

-        No demasiado, lo tengo bastante claro.

-        ¿Tú crees en un mundo o en dos mundos?

-        ¿A qué te refieres?

-        Pues a que puedes ser cristiano, budista o ateo, pero al final todo sistema de creencias se reduce a si uno cree que existe un mundo o que hay dos.

-        ¿Qué quieres decir? ¿Te refieres a si creo que existe este mundo únicamente o si además pienso que hay otro con cielo, infierno y todo eso?

-        Sí, ese es un ejemplo de dos mundos. Pero hay otros muchos sistemas de creencias basados en dos mundos.

-        ¿Como cuál?

-        Tú has señalado un ejemplo importante. Las principales religiones monoteístas defienden que hay dos mundos, uno éste que tenemos en vida y otro de ultratumba con cielo e infierno. Pero hay otras religiones que plantean el asunto de otro modo. Por ejemplo, para el budismo no hay cielo ni infierno, ni siquiera hay dios, pero de algún modo hay otro mundo distinto a esta realidad que permite que haya reencarnaciones (eligiendo además en quién se reencarna cada cual). De hecho mediante el nirvana puede incluso salirse de este mundo, evitando así continuar en el ciclo de las reencarnaciones. Eso al fin y al cabo es creer en este mundo y en otro supra terrenal.

-        Así que puede creerse en un mundo, que es éste en el que nos movemos, o puede pensarse que hay dos si es que se cree en alguna religión. Mi respuesta ya la conoces, no hay más mundo que el que aquí tenemos y toda religión no sino una invención humana.

-        Pero no sólo las religiones hablan de ese sistema de dos mundos. Nietzsche incluso señalaba a Platón como el primero que propuso, de forma previa a la mayoría de las religiones, la existencia de dos mundos. Recuerda que Platón creía que existía un mundo más allá de éste, de forma que todo lo que aquí vemos no es sino la sombra de lo que hay en ese otro mundo. Por ejemplo, creía que tenemos la idea de caballo porque en ese otro mundo existe la idea de caballo perfecto, siendo los caballos de este mundo copias imperfectas (unos más altos, otros más bajos, algunos cojos) de ese caballo ideal. Es como si ves que hay un montón de galletas muy parecidas aunque no idénticas, sabes que de algún modo debe haber una especie de molde que cree galletas similares a ese molde ideal, aunque ninguna idéntica a éste.

Platón opinaba que los humanos llevamos tanto tiempo en este mundo de sombras que hemos llegado a creer que es el real, pero que si nos giráramos veríamos el luminoso mundo verdadero, aunque tal vez la luz nos cegaría.

-        Todo eso está muy bien, pero hay que recordar que esas ideas le venían a Platón del mundo de las matemáticas. Él sabía cómo es un triángulo perfecto y cuántos grados tiene un ángulo recto ideal. Deducía a partir de ahí que todos los ángulos rectos y todos los triángulos que se dan en la naturaleza no son sino copias imperfectas del triángulo ideal. Pero una cosa son las abstracciones matemáticas y otra deducir de ahí que tiene que haber un mundo con caballos ideales. Como ya señaló su discípulo Aristóteles no hay un molde de caballos, más bien el problema es al revés, la mente humana a base de ver caballos estima cuál es el caballo medio y lo toma como patrón para comparar el resto de caballos.

No hay más que pensar en la selección natural, de la que no disponía Platón. No es sólo que no haya un caballo ideal, sino que el caballo es un “invento” reciente. Hace unos cuantos millones de años no había nada ni remotamente parecido a un caballo, si bien había seres que eran sus ancestros y de los que poco a poco evolucionaron los actuales caballos. La naturaleza no tiene un molde, evoluciona constantemente, somos nosotros los que abstraemos y pensamos en ese molde.

No me convences, sigo siendo de los que creen en un mundo y que lo mires por donde lo mires, el segundo mundo es una invención.

-        No fue Platón el único filósofo que creyó en un segundo mundo. Podemos señalar a Descartes, que como buen dualista señaló que el hombre tiene un cuerpo y un alma. El cuerpo es material pero el alma pertenece a un segundo mundo.

-        Más de lo mismo. Si Descartes hubiera nacido después que Darwin, tendría que reconocer que la sustancia del alma es el cerebro, que es tan material como el cuerpo.

-        Podemos basarnos en Kant para plantear otra línea de defensa de las creencias en un segundo mundo. Kant señaló que no podemos conocer cómo son las cosas en sí, sino únicamente cómo las percibimos. Tu cerebro, y aquí podemos ya tomar las ideas de Darwin, percibe en el espacio y en el tiempo la realidad y la pinta de colores inventados por él. Pero no hay forma de saber cómo es el objeto que estás percibiendo en realidad, sólo sabes la imagen que tu cerebro es capaz de darte de él. Luego una cosa es cómo es el mundo en sí, cómo es en realidad, y otra la parte de él que tú puedes percibir. Esto de algún modo crearía dos mundos, el que tú puedes percibir y el mundo en realidad más allá de tus limitaciones.

-        Para mí eso significa que sólo hay un mundo. No podemos verlo en su plenitud, pero basándonos en los sentidos, en la razón y en todos los instrumentos que hemos inventado, podemos hacernos una idea lo suficientemente amplia de él.

-        O no. Puede que lo que te falta por ver sea de tal magnitud que cambie el sentido de lo que conoces. Como Darwin nos enseñó, todas las especies han ido evolucionando y de repente aparecimos nosotros. Es verdad que somos los más listos de la clase, que tenemos un cerebro capaz de tomar incluso consciencia de sí mismo. Pero como decías tú antes, no deja de ser un cerebro, un cerebro animal que llega hasta donde llega. ¿No es demasiado engreído creer que lo sabe todo? Un mono también cree conocerlo todo porque con lo que sabe le basta. No puede, con su limitado cerebro, comprender que el agua que llueve es el mismo que se ha evaporado del mar, o que las estaciones meteorológicas se deben a la inclinación del eje de la Tierra. Pero como no es consciente de lo que desconoce, es imposible para él imaginar aquello que no puede alcanzar. Tiene su mundo mental y para él es coherente y suficiente. Tú puedes ver lo que hay más allá de él pero no puedes sospechar lo que hay por encima de ti. Un ser más inteligente que tú vería tu mundo y todo aquello que tú no puedes ni imaginar. Y puede que lo que te falta, que ese segundo mundo, sea de tal magnitud que cambie el sentido del mundo que conoces.

-        Puede que haya grandes cosas que desconozco. Pero en cualquier caso, todos los segundos mundos propuestos por filósofos o religiones al final nacen de limitadas mentes humanas, con lo que para mí son invenciones humanas, motivadas por el miedo, por el deseo de control de los demás o por lo que sea, pero invenciones al fin y al cabo.

En cualquier caso para mí lo que conozco es lo que es real, mi cerebro no sobrevivirá a este mundo por lo que nunca podré alcanzar a conocer ese mundo superior y no me espera ningún mundo de ultratumba.

-        Tampoco de eso puedes estar seguro. Puede que este mundo sea sólo un sueño, una ilusión, o que estés postrado en una cama de otro mundo bajo los efectos de alguna droga que te haga creer que todo esto es real. O que como en la película de Matrix, alguien haya conectado tu cerebro a algún tipo de programa informático que te haga creer que todo esto es real.

La versión moderna de todo esto es lo que los filósofos llaman el cerebro en la cubeta. Imagina que tu cuerpo no existe y que sólo eres un cerebro que está dentro de una cubeta rodeado de cables conectados a un ordenador, que simulan su interacción con el exterior. Un impulso eléctrico y oyes el sonido de un trueno, otro y huele a pino, otro más y ves pasar un coche azul. Todo es un decorado, incluidas las personas, los libros y las ideas establecidas. Las leyes físicas en las que crees son falsas, pero los cables conectados a tu cerebro simulan cualquier experimento que realices de la forma que ellos desean (sí tiras una piedra hacen que siempre se comporte igual) y en los libros que lees siempre mencionan el mismo resultado.

Por muchos experimentos que hagas, no tienes forma de saber si ese mundo es o no real, y lo mismo ocurre con el mundo en el que vives. No puedes discernir si es real o si no eres más que un cerebro en una cubeta y todo en lo que crees, yo incluido, no es más que una ilusión creada de forma artificial por un ordenador.

-        De acuerdo, acepto que cabe la posibilidad de un segundo mundo, pero lo que no consiento es que se utilice esa posibilidad como punto de apoyo para justificar todo un sistema de creencias contradictorio y de ritos sin sentido. Si analizo todo lo que me ofrecen las religiones no sólo me cuesta encontrar un mensaje común entre todas ellas, sino que dentro de cada una aparecen muchísimas ideas contradictorias. Por ejemplo, si leo La Biblia, por un lado me encuentro con mensajes de Jesús hablando de amar incluso a mi enemigo y de ser generoso hasta el punto de dar no solo lo que me piden sino también lo que no me piden. Habla de ser generoso de manera que nadie se entere de lo que hago, no con idea de que me vean los demás. Leo todo eso y me gustan esos mensajes, pero también me encuentro a ese mismo Jesús amenazando, hablando del crujir de dientes y del eterno sufrimiento, y ya nada tiene sentido, no puedo aceptar que la misma persona que desprendía tanto amor profiera semejantes amenazas y sea capaz de castigar de manera eterna a nadie. Por no hablar de todos esos pasajes en los que un dios vengativo se enoja y mata a miles de personas, niños incluidos, por dudosos motivos.

Y estas mismas contradicciones me las encuentro en todas las religiones, plagadas de ritos que ya nadie recuerda por qué se realizan y que no son más que supersticiones alimentadas por el miedo.

Así que yo prefiero vivir mi vida, respetando y tratando bien a los demás, pero sin dejarme encuadrar dentro de ninguna religión porque siempre hay muchos mensajes que no acepto. Y no hago el bien porque quiera ganarme el futuro favor de algún dios, lo hago porque quiero construir un mundo así, y si después de esto hay algo pues trataremos de llevar ese algo lo mejor posible. Pero de momento lo que hay es este mundo así que no le demos la espalda por otros que tal vez no existan.

-        Ese mensaje que reconoces que te gusta de La Biblia es la parte espiritual que las religiones ofrecen. Yo creo que los profetas son capaces de ver ese lado espiritual del mundo, de saltarse la barrera de las limitaciones humanas y asomarse a ese otro mundo inalcanzable y decirnos lo que ven. Pero después vienen a este mundo y todo se corrompe, porque muchos alteran su mensaje, otros lo utilizan para conseguir el poder, otros para justificar el castigo a algún odiado enemigo, otros no lo entienden y repiten ritos porque es lo único que comprenden... Y al final nos llega esa mezcla de mensajes aparentemente contradictorios pero que encierran mensajes espirituales. Así que todas las religiones pueden ofrecernos algo, aunque también es cierto que hay que tener cuidado para poder separar unos mensajes de otros.

-        El peligro es que cuando te pones la etiqueta de seguidor de una religión, estas aceptando el mensaje completo y eso incluye toda esa parte negativa. Por eso prefiero catalogarme como no creyente.

-        Yo sin embargo escojo ser creyente, aunque con muchos matices, pero creo en esa especie de espiritualidad, en ese segundo mundo, si bien lo hago un poco a mi manera, cogiendo mensajes de aquí y de allá, sin ser capaz de ponerme más etiquetas que me casen con nadie.

-        El peligro de pensar tanto en ese segundo mundo es el de olvidar éste, el de prepararse para un mundo que probablemente no venga y que aunque así fuera no tenemos ni idea de cómo será. Damos la espalda a lo que tenemos aquí basándonos en mensajes dudosos, contradictorios y muy probablemente falsos. Perdemos el tiempo realizando ritos (sacrificios u oraciones repetitivas y vacías) en lugar de invertirlo aquí y ahora. No disfrutamos de las grandes cosas que este mundo tiene y que se pueden llevar a cabo con respeto y amor a los demás porque tememos pecar y perder puntos para nuestro futuro mundo imaginario. Y con ello estamos pecando contra este mundo, despreciando lo que se nos ofrece.

-        Cierto es que muchos ritos son vacíos pero otros son a mi entender ejercicios espirituales constructivos, como una oración en la que deseas el bien a los demás o en la que analizas el mal que le estás causando a otros y cómo podrías evitarlo. Creo que aquí se puede ver esa espiritualidad de la que antes hablábamos. No es tan importante a qué dios le reces sino qué buscas con tus rezos. Pero si sólo pides para ti y solo realizas ritos que no comprendes, efectivamente estás malgastando el tiempo. Supongo que, haya un mundo o dos, lo importante es respetar al que no piense como tú.

-        Siempre que no me traten de imponer sus ideas ni sus normas morales.

-        No, la libertad ha de ser siempre uno de los valores espirituales.

-        He de irme, que el mundo sigue.
      -     Los mundos, querrás decir. Adiós amigo.

domingo, 22 de diciembre de 2013

El problema del mal


El problema del mal consiste en la incoherencia que supone la existencia del mal en el mundo (guerras, asesinatos, desastres naturales) con la creencia en un dios omnisciente (que todo lo sabe), omnipotente (capaz de hacer cualquier cosa) e infinitamente bueno y misericordioso. Porque si dios puede hacer cualquier cosa y sabe lo que ocurre en cada rincón del planeta, a menudo parece difícil explicar por qué no actúa.

Este problema se ha señalado desde el comienzo de las religiones monoteístas y muchos han sido los intentos por solventarlo. San Agustín fue el primero en plantear las principales líneas de defensa. Desde entonces, tres son las principales justificaciones de la existencia de mal en el mundo.

En primer lugar, se argumenta que el mal cometido por el hombre, como el asesinato, se debe a que dios creó al hombre y le dotó de libre albedrío, de modo que no tuvo más remedio que permitir que obrara el mal para que el bien fuera también fruto de una elección libre.

En segundo lugar, el mal provocado por desastres naturales se debe a que el mundo, para ser estable, tuvo que ser creado en base a unas leyes físicas que implican necesariamente que se pueda provocar un tsunami o un huracán.

Por último, tomando las ideas de Platón se puede decir que el mal no existe sino que únicamente es la ausencia del bien. Del mismo modo que la oscuridad es la ausencia de luz y el frío no es sino la falta de calor, sólo hay bien en el mundo y hay mal en la medida en la que nos alejamos del bien.

Este último argumento parece más bien un juego de palabras ya que por ejemplo la enfermedad puede ser la ausencia de salud, pero hay tantos modos de enfermar y el sufrimiento del enfermo es tan real, que en realidad parece más propio decir que la salud es la ausencia de enfermedad y no al revés.

El segundo argumento parece socavar un poco la omnipotencia de dios, ya que entonces no es posible hacer cualquier mundo, sino sólo una serie de mundos con ciertas características. En cualquier caso los milagros, que no es sino una excepción en las leyes del mundo, podrían suceder con más frecuencia y evitar desastres que van a llevarse por delante la vida de miles de inocentes.

Con el desarrollo de la ciencia moderna, hablar de mal, de bien y de sufrimiento cambia de perspectiva. El dolor no es inherente al mundo, sino a los seres dotados con sistemas nerviosos que les permitan sufrir. Cuando en la Tierra sólo había seres unicelulares o algas nadie sufría, no había dolor porque no había seres capaces de sentirlo. Con la evolución de las especies el dolor resultó útil para evitar que nos muerdan o nos hieran y asegurarse de que trataremos de evitarlo en sucesivas ocasiones. Pero el dolor no vino sólo, con él llegó el placer, que es la otra cara de la misma moneda. Cuando el hombre tomó consciencia de sí mismo nuevos dolores surgieron y también nuevos placeres.

Pese al problema del mal, es posible creer en la existencia de un dios creador, si bien con ciertos matices. El hombre no fue creado a partir del barro sino que ha llegado a ser lo que es a través de un lento proceso evolutivo. La creación no sería de la Tierra como tal, sino en todo caso de las leyes imperantes en el momento del Big Bang. Desde entonces la interacción de dios con el mundo sería al menos invisible para la inmensa mayoría de los seres humanos. Es posible que el mundo sea como es, con todo su mal, pero que de algún modo exista una realidad superior donde sí imperen esos atributos de bondad y misericordia. Este mundo podría pensarse como una pequeña parte de esa realidad superior. Dios podría tener motivos para apenas actuar sobre este mundo dado que nuestro sufrimiento es limitado en el tiempo ya que siempre termina con la muerte en un puñado de años.

Lo que es más complicado de entender es que ese mismo dios que es infinitamente bueno y justo permita la existencia de un infierno tras nuestra muerte. Eso significaría la aplicación voluntaria de un sufrimiento eterno. Muchos seres humanos entendemos que ningún pecado cometido en el mundo merece ese tipo de castigo, por lo que, ¿cómo es posible que algo que es más justo y misericordioso que nosotros pueda permitirlo?
Tampoco es lícito aquí argumentar que el infierno es cosa del demonio y no de dios, porque recordemos que lo habíamos definido como omnipotente y omnisciente (sabe lo que pasa allí y si quiere puede cambiarlo).

Parece que el problema del infierno sí es incompatible con los atributos de bondad, omnisciencia y omnipotencia. ¿Significa eso que queda demostrada la inexistencia de todo tipo de divinidad?

No necesariamente, es posible creer que de algún modo hay un plano espiritual más allá de lo que vemos y entendemos del mundo. Pero hay que reconocer que hay creencias contradictorias. Si el bien y la ayuda al prójimo son los grandes pilares de la vida espiritual y estos se sustentan sobre la base de un ser que vela por ello, no se sostiene la idea de castigos eternos de ultratumba.

Sin embargo, leyendo la Biblia (y otros muchos libros sagrados) se habla constantemente de éste y otros tipos de castigos, del eterno crujir de dientes, de masacres de inocentes cometidas teóricamente por dios.
También se habla por supuesto de la ayuda al prójimo y del amor incluso hacia el enemigo, en una época en la que aquellos mensajes rompían completamente con el esquema del pensamiento imperante.

En muchas ocasiones se dice que los libros sagrados han sido escritos por hombres que, aunque se hayan apoyado en las ideas de los profetas, han utilizado el lenguaje de la época para que llegara a sus contemporáneos, ideas que resultan brutales para los ojos del mundo actual.

Pero eso implica aceptar el relativismo a la hora de acercarse a los libros sagrados, es el lector el que ha de separar lo que es correcto y lo que es fruto de la época en la que fue escrito, si quiere poder seguir creyendo en los principales atributos de dios.

Es posible seguir creyendo en un dios con los atributos de omnipotencia, omnisciencia e infinita bondad, si aceptamos que apenas se inmiscuye en los asuntos de este mundo, que no hay castigos desproporcionados ni mucho menos eternos en un mundo más allá de éste, y si leemos los libros sagrados sabiendo que sólo algunas partes hablan de ese dios. Evidente parece también que una cosa es la divinidad en la que alguien pueda creer y otra los hombres y las instituciones que dicen representar a este dios en nuestro mundo. Y que estos últimos estarán cada vez más alejados de los hombres si visten y almacenan oro en lugar de donarlo al desfavorecido, si les importan más las restricciones de las libertades humanas que velar por el hambriento. Si consienten en su seno, basándose en dogmas con poco fundamento como el secreto de confesión, el mal absoluto como es el abuso de los más débiles e inocentes del mundo que son los niños.

Y como sucede con todo lo dogmático, la verdad de lo escrito en este artículo es relativa por lo que ha de ser pesada con la balanza del corazón del lector.